martes, 28 de junio de 2011

Afrontar el sufrimiento


Aunque el dolor y el sufrimiento son fenómenos humanos universales, eso no hace que sea fácil aceptarlos.

Evitar el dolor con el control o dominio de las emociones cuando uno ha tenido una tragedia para ser “fuerte”, impide afrontar plenamente sus sentimientos de dolor y pérdida, hasta que se manifiesta esta represión en forma de depresión abrumadora.

Cuando enfocamos la atención en el dolor y sentimientos de pérdida se puede asumir. En ocasiones, sin embargo, nuestras estrategias inconscientes para soslayar conflictos se hallan mucho más profundamente enraizadas y es difícil sacarlas a la luz. Casi todos conocemos a alguien que evita los problemas proyectándolos sobre los demás, atribuyendo a los otros sus propios defectos. No es un método para eliminar problemas es una condena a una vida de infelicidad.

Los mayores problemas son: envejecimiento, enfermedad y la muerte y no los podremos evitar. Pero si se afronta directamente el sufrimiento estará en mejor posición para apreciar la profundidad y la naturaleza del problema. Si en una batalla se desconocen las características del enemigo y su capacidad de combate, nos veremos paralizados por el temor.

Si se dedica un tiempo a pensar en la vejez, muerte y otras cosas infortunadas, tu mente tendrá más estabilidad cuando esas cosas acontezcan, puesto que ya te habrás familiarizado con su naturaleza.

Al aceptar que el sufrimiento forma parte de nuestra existencia, se pueden empezar a examinar los factores que normalmente dan lugar a sentimientos de insatisfacción e infelicidad.

Percibir la vida como un todo tiene un papel importante en la actitud que se asuma ante el sufrimiento. Si tu perspectiva básica, por ejemplo es que el sufrimiento es negativo y tiene que ser evitado a toda costa y que en cierto sentido, es una señal de fracaso, padecerás ansiedad e intolerancia y cuando te encuentres en circunstancias difíciles te sentirás abrumado. Por otro lado, si tu perspectiva acepta que el sufrimiento es una parte natural de la existencia, serás indudablemente más tolerante antes las adversidades de la vida. Sin un cierto grado de tolerancia hacia el propio sufrimiento la vida se convierte en algo miserable, como una mala noche eterna.

Según el pensamiento budista las causas profundas del sufrimiento son la ignorancia, el anhelo y el odio a las que se llama “los 3 venenos de la mente”. Estos términos tienen connotaciones específicas utilizadas en un contexto budista. “Ignorancia por ejemplo, no se refiere a la falta de información, sino más bien a una falsa percepción de la verdadera naturaleza del ser y de todos los fenómenos.

Si pensamos que el sufrimiento es algo antinatural, algo que no debiéramos experimentar, muy pronto buscaremos un culpable. Si me siento desgraciado, tengo que ser una “victima”, una idea demasiado común en Occidente.

El deseo de librarse del sufrimiento es un objetivo legítimo de todo ser humano. Es por tanto apropiado analizar las causas de nuestra infelicidad y hacer lo que esté a nuestro alcance para aliviar nuestros problemas, que busquemos soluciones en todos los planos: global, social, familiar e individual.


El Dalai Lama añade un ingrediente final de una vida más feliz: la dimensión espiritual. A través de las enseñanzas del Buda, el Dalai Lama y muchos otros han encontrado unos principios que les permiten soportar y hasta trascender el dolor y el sufrimiento que la vida trae consigo. Y tal como sugiere el Dalai Lama, cada una de las grandes confesiones religiosas del mundo puede ofrecer las mismas oportunidades de alcanzar una vida más feliz. El poder de la fe, generado en una escala muy amplia por la religión, ilumina las vidas de millones de personas y las ha sostenido en momentos de dificultad. A veces, funciona de forma silenciosa y sutil, otras lo hace a través de experiencias transformadoras. Cada uno de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, ha sido testigo del funcionamiento de ese poder en un miembro de nuestra familia, en un amigo o en un conocido. Ocasionalmente, los ejemplos llegan hasta las paginas de los periódicos.

Muchos conocen, por ejemplo, el suplicio de Terry Anderson, un hombre corriente que fue secuestrado en una calle de Beirut una mañana de 1985. Le echaron una manta por encima, fue metido a empujones en un coche y durante los siete años siguientes fue retenido como rehén por Hezbollá, una organización islámica radical. Hasta 1991 estuvo encerrado en pequeñas celdas de sótanos húmedos y sucios, con los ojos cubiertos y encadendo durante prolongados períodos de tiempo, soportando palizas regularmente.

Cuando fue finalmente liberado, el mundo se fijó en él y encontró a un hombre regocijado por poder regresar junto a su familia y reanudar su vida, pero sorprendemtne libre de amargura y odio hacia sus captores. Al ser interrogado por los periodistas sobre el origen de una fortaleza tan notable, señaló la fe y la oración como los elementos que le ayudaron a soportar su suplicio. Los estudios han descubierto que la fe no sólo conlleva sentimientos de bienestar, sino que tambien parece ayudar a afrontar más serenamente cuestiones como el envejecimiento o la superación de crisis personales y acontecimientos traumáticos. Ademas, las estadísticas muestran que las familias con fuertes creencias religiosas se ven afectadas por menores índices de delincuencia, alcoholismo, drogadicción y rupturas matrimoniales. La fe puede tener beneficios para la salud, incluso en casos de enfermedades graves.

Pacientes mayores de 55 años sometidos a una operación quirúrgica a corazón abierto de la arteria coronaria o de la válvula cardíaca que se habían refugiado en sus creencias religosas, tenían 3 veces más probabilidades de sobrevir que quienes no lo habian hecho.

A veces, los beneficios de una fuerte fe religiosa son el producto directo de las doctrinas de una religión concreta. Muchos budistas, por ejemplo, soportan el sufrimiento a través de su fe en la doctrina del karma.

Gracias a la fe que tienen depositada en un Dios omnisciente y amoroso, un Dios cuyo plan quizá sea oscuro para nosotros pero que, en su sabiduría, terminará por revelarnos su amor, mucha gente puede resistir sus tribulaciones. Con fe en las enseñanzas de la Biblia, pueden reconfortarse con versículos como el de Romanos 8,28: " En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman, de aquellos que ha sido llamados según su voluntad".

Cuando el Dalai Lama habla de adoptar una dimensión espiritual en nuestra vida, identifica fe con espiritualidad. Cuando se profesa una religión eso está bien. Pero nos podemos arreglar incluso sin creencias religiosas. En algunos casos, nos las arreglamos mejor. Tenemos derecho: si deseamos creer, bien, si no, también. Existe, sin embargo, otro nivel de espiritualidad. Eso es lo que llama espiritualidad básica: se trata de un conjunto de cualiddes, como bondad, amabilidad, compasión, atención con los demás. Tanto si somos creyentes como si no, esta clase de espiritualidd es esencial. Personalemnte, considero este segundo nivel de espiritualidad más importante que el primero, porque al margen de lo maravillosa que pueda ser una reliogión, sólo será aceptada por una parte de la humanidad. Pero, mientras seamos seres humanos, mientras formemos parte de la familia humana, todos necesitamos aquellos valores espirituales. Sin ellos, la existencia humana resulta dura, muy seca: ninguno de nosotros puede ser una persona feliz, nuestra familia sufrirá y en último término, toda la sociedad tendrá más problemas.

La verdadera espiritualidad debería tener como resultado que la persona fuera más serena, más feliz, más pacífica.

Todos los estados virtuosos de la mente, como la compasión, la tolerancia, el perdón, la atención hacia los demás, etc, todas esas cualidades mentales son Dharma genuino, cualidades espirituales genuinas, porque no pueden coexistir con malos sentimientos o con estados negativos de la mente.

Asi pues, adoptar un método que aporte disciplina a la propia mente es la esencia de una vida religiosa, se trata de una disciplina interior que tiene el propósito de cultivar estados mentales positivos. Por tanto, llevar una vida estipirtual depende de que se haya conseguido alcanzar ese estado disciplinado y domesticado de la mente y que eso se vea reflejado en las acciones cotidianas.


Fuente : El arte de la Felicidad (Dalai Lama, Howard C. Cutler, M.D.)
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