lunes, 1 de agosto de 2011

La Pareja y aprender Amar


He juntado dos articulos de mi blog Autoayuda con la Ciencia, ya que tratan básicamente de lo mismo, la pareja y aprender amar además quiero compartir un audio visual que explica lo indicado en este trabajo de investigación sobre la pareja y el amor.







Secretos en Pareja

Preguntadas al azar a diez personas, tanto hombres como mujeres de entre 20 y 70 años, ocho de ellas afirman que nunca hay que contarlo todo, que eso solo fomentaría discusiones que no llevarían a ningún lugar o que les gusta sentir que conservan parte de su intimidad, algo así como un espacio inviolable. Las otras dos personas, dos mujeres de 34 y 40 años respectivamente, no conciben una relación de pareja sin poder contarlo todo y que les cuenten todo “No tengo nada que esconder ni tiempo para esconder nada. Tengo absoluta confianza en mi pareja, así es que se lo explico todo. Y no concibo que mi pareja no me contara todo. Para mi sería una señal de desconfianza. Si no quisiera compartirlo todo es que no me quiere realmente”.

Uno de los chicos entrevistados de 20 años, aporta la siguiente reflexión “¿Si tú mismo no sabes todo de ti, como vas a explicarlo todo? Después añade que, en cualquier caso, la confianza no aparece el primer día como un milagro. Es un proceso “y en la medida que vas ganando confianza, te vas abriendo más y compartiendo más intimidades”. Y otra mujer de 47 años, asegura que prefiere jugar a ser un poco misteriosa con su marido, sorprenderle, que tenga cosas por descubrir “Si lo sabe todo de ti ya no tendré nada nuevo que ofrecerle y cansara. No tendrá ningún aliciente. Las personas mayores que rozan los 70 años son más contundentes en sus respuestas, tanto hombres como mujeres y afirman que nunca hay que decirlo todo. Las verdades solo las justas y para que sean constructivas.

Si no mejor no decir nada o en todo caso mentirijillas piadosas. Si veo que mi marido la ha fastidiado en algo prefiero no decirle nada y que se dé cuenta el mismo, sino él se siente cuestionado y que ya no puede con todo. Con 70 años mejor reforzarle que hundirle más. Así se siente más seguro y esta menos nervioso. Mejor vivir tranquilos. Además así me mima mas es más atento y se muestra más cariñoso. Mejor no contarle todo lo que veo.(fuente : estilos de vida número 195 25 junio/11)

Ciara Molina, Psicóloga especialista en la gestión de emociones: no tiene por qué contarse todo a la pareja “Si bien es verdad que la base emocional de una pareja radica en el amor, la comunicación y el respeto, esto no implica que perdamos nuestro individualismo e identidad dentro de la misma al tener que compartirlo todo con ella”.

Esperanza Pérez, Psicoanalista experta en terapia sexual y de pareja. “Una cierta intimidad, un espacio psíquico íntimo. De todas maneras todo esto es algo que debería hablarse de antemano para no levantar suspicacias en la pareja. Hay que aclararlo desde el principio. Pero es complicadísimo. Es fácil decir que tiene que hablarse todo, pero pocas veces sucede. No es verdad. Así que mejor aprender a gestionar la relación respetando esa intimidad personal. Pero no es fácil. Despierta miedos. Por eso no es tan fácil asimilar los silencios en la convivencia. Ciara Molina explica que si se entiende el silencio como el respeto a la individualidad de nuestra pareja, el que sea fácil o no dependerá de cómo nosotros concibamos que debe ser una relación sentimental.

Janai Coimon, Sexóloga y Terapeuta: En primer lugar hay que decir lo que uno quiere decir, no más. El siguiente paso es en lugar de preguntarse por qué no decir alguna cosa, cambiarlo por el para qué no decirlo. Con él porque se dan muchas excusas, siempre se encuentran justificaciones para dejar de compartir vivencias. En cambio, intentar responder al para que desvela el sentido real e íntimo de lo que se quiere compartir o no.
Juan Manzanera, Psicólogo y Director de la escuela de meditación de Madrid fue monje budista: No tienes por qué contarlo todo. La unión con otra persona es posible desde la individualidad. El problema es que la individualidad es una conquista. Y esa conquista es necesaria para avanzar personalmente y espiritualmente. Para eso hay que crear un espacio interno. Es tu intimidad. Si sabes preservar esta intimidad podrás fusionarte realmente con el otro. Es muy importante que en una pareja, cada uno tenga su espacio particular e individual, porque cada uno tiene su propio proceso vital. Hay que aprender a respetar ese espacio.

Dónde está el límite de lo que se cuenta y lo que no?: Saber reír juntos. Ahora mismo estamos en una época que predomina la independencia, sin demasiada fusión. Y preservar tanta autonomía también es negativo. Hay un exceso de individualidad.

Leticia Brando, Psicóloga y Single Coach en España y México: Hay que ser honesto, hay que ser autentico, pero no significa que el otro sepa todo de ti. La feminidad es un misterio y eso forma parte del atractivo de la mujer. Hay que saber mantener ese misterio para que el hombre vaya descubriendo siempre algo nuevo.

Walter Riso, Terapeuta de pareja: No ha de contársele todo a la pareja, la pareja debe tener su propio espacio de intimidad que cada uno respete el del otro Lealmente. No se puede ser del todo sincero es un horror. Nada me daría más miedo que la sinceridad total, que sería poder meterme en la mente de la persona querida. Cada pareja tiene su libro.

Tu equilibrio
Manuel Cruz filósofo: Cultiva el equilibrio interior frente al exterior que se desmorona: ve el amor como tormenta que da felicidad y perturbación. Focaliza en los placeres, sin comprometer tu equilibrio interior.

Ramiro Calle: Practica lo que llamamos en la sabiduría oriental “el amor consciente” es decir, la capacidad de soltar para que la otra persona sea feliz. Llénate de ti, porque cuando nos sentimos incompletos siempre estamos en la tendencia compulsiva de que los demás nos completen y llegamos a creer, ilusoriamente que la pareja puede resolver nuestras complejidades. Solo uno puede. Ayúdate a ti mismo y así también le ayudaras a él o ella.

Si no puedes desasirte de una obsesión de amor, lo mejor es tomarse un tiempo para volver a uno mismo.




Por qué elegimos siempre el mismo perfil

Walter Riso, Terapeuta de pareja : Te apasionan los caracteres fuertes, pero ya has aprendido tras los 700 golpes que no te convienen, así que aprendes a evitarlos.

Giorgio Nardone, Psicólogo y Psicoterapeuta: gestionamos nuestras relaciones amorosas a través de lo que nos ha funcionado en el pasado, así establecemos unos guiones de relación que se convierten en inconscientes. Para huir del fracaso es esencial que sepamos que estamos representando un papel, cada vez más rígido y que cambiemos de personaje.

La idealización del amor está bien para los cuentos infantiles pero que hay que ser realista. Y que la soledad, el aburrimiento o la desesperación no son razones para iniciar una relación.

Por qué se repite la dificultad para establecer una relación estable y contemplar la necesidad de hacer cambios a nivel de actitudes y comportamientos.

Algunos parten de expectativas poco realistas, elaboran perfiles casi imposibles de cumplir, mientras que otros no tienen claro lo que esperan del vínculo afectivo. En ocasiones se basan en concepciones románticas que pretenden mantener el tipo de relación que tenían de jóvenes a la espera de mucha emoción y poco compromiso. Cuando creen implicarse demasiado huyen por temor a perder la libertad personal ante la perspectiva de un cambio que temen irreversible, aunque actualmente, tal como está el mundo de la pareja, esto ya no parece suponer un riesgo. Encuentran defectos en la pareja y concluyen que han elegido a la persona equivocada, una atadura y una amenaza a su autonomía. Y muchas veces el deseo de tenerlo todo controlado lleva a las rupturas. Resulta muy difícil controlar por completo una relación y tampoco es necesario que así sea, se trata de un vínculo que se afianza con el tiempo en medio de continuos cambios y adaptación a las nuevas circunstancias. Algunos culpabilizan al mundo exterior lo que tampoco ayuda y si, en cambio, llevaba a la formación de nuevas parejas cometiendo los mismos errores. Es el caso de personas que repiten el mismo tipo de pareja una y otra vez.

Identificar los patrones que se siguen en las relaciones insatisfactorias puede evitarnos caer en más de lo mismo una y otra vez y ayudarnos a plantear la necesidad de cambios personales. Un fracaso de pareja no supone necesariamente un fracaso personal ni vital. Es preciso cuestionarse las actitudes y comportamientos propios que nos han llevado hasta allí a fin de no repetir esquemas que no funcionan. Cuando vemos que aunque cada relación es distinta estos esquemas se repiten, tenemos la oportunidad de potenciar nuestros puntos fuertes y de superar o por lo menos, minimizar nuestras debilidades. Solo entonces seremos capaces de sacar los saldos positivos que nos pueden informar sobre la ruta a seguir en una futura oportunidad. Solo así seremos capaces de plantearnos el cómo podremos restar con ella dentro de 1, 5,10, 20 años. Es importante reconocer cuando se ha de hacer un alto temporal en la búsqueda de pareja, tal vez no se está en el mejor momento emocional, no se ha superado una ruptura anterior, se puede caer en una relación rebote, es importante darse un espacio físico y emocional para intentarlo de nuevo. Y necesario un tiempo de reflexión y revisión a fin de que la nueva relación sea, en efecto una nueva relación.


ERRORES:
La venta: El intento reiterado de venderse en cada momento aportando demasiada información y autopromoción dará la impresión de querer impresionar. Tampoco desaprovechar momentos valiosos desvalorizándose a sí mismo en un ejercicio de humildad o falsa modestia, llamando la atención sobre sus inseguridades y defectos.

El curriculum vitae: el elevado y casi irreal listón que se establece y que parece en ocasiones obedecer a la falta de interés real de encontrar un compañero.

Lapa/mochila: la constante demanda de declaraciones de amor o cumplidos, hacerle sentir culpable por tener tiempo con la familia, los amigos o el trabajo, la presencia de una lapa emocional acaba por cansar y agobiar, hace la atmósfera sofocante.

Montaña rusa: la necesidad de experimentar fuertes emociones todo el tiempo. La excitación emocional puede agotar a la larga, no se puede ir en una montaña rusa toda la vida y nadie puede tolerar por largo tiempo una relación de este tipo.

La Huida: el temor a implicarse emocionalmente más de la cuenta propicia la retirada.

Todos/todas son iguales: culpar constantemente al sexo opuesto no es una actitud adecuada para iniciar una relación con tantas expectativas. De esta manera es muy probable que la nueva pareja se convierta una vez más en una profecía auto cumplida.

Misma persona, diferente rana: cada cual tiene su tipo, pero ¿está seguro de no ir a por la misma reúna una y otra vez? Si cada relación termina con un CROAC, es hora de salir del circuito y saber lo que hay tras sus malas elecciones.


ACIERTOS:
Contemplar la necesidad de cambios propios: reconocer en las diferentes relaciones los aspectos coincidentes, sus causas y consecuencias.

Darse tiempo para superar una ruptura antes de iniciar la siguiente: identificar los errores repetidos y estimar su incidencia en las rupturas: Identificar los aspectos positivos que hay en toda relación, independiente de que haya terminado.

Identificar los aspectos positivos que hay en toda relación, independientemente de que haya terminado: de acuerdo con las circunstancias personales, valorar si se puede tratar de la persona adecuada en el momento inadecuado.

Ir más allá y preguntarse si no se trata de la persona inadecuada en el momento inadecuado: se trata desde luego de encontrar a la persona adecuada en el momento adecuado. (Marta Mejía Psicóloga)

No de nunca nada por sobreentendido: hable claro y póngase de acuerdo en lo que cada uno espera del otro. Formule pactos expresamente, aunque usted crea que se dan por hechos. Si por ejemplo, le da miedo que le critique en público, dígaselo. Somos humanos y metemos la pata, pero eso no quiere decir que no podamos corregir y prevenir. Anticipe actitudes y conductas que le molestarían y expréselas. Casi siempre los problemas son de ego. Venimos con defecto de origen, tenemos nostalgia del amor sin límites, de la plenitud…. Luz, Dios, el todo. (Ken Blanchard Filósofo del Management)




Aprender Amar

Así como aprendemos finanzas, literatura, ciencia, debemos APRENDER AMAR, nadie nos enseña, no hay una asignatura en la escuela que nos enseñen qué es el amor , cuáles deberían ser los parámetros a seguir, si bien es cierto de nuestros padres recibimos amor, pero es un amor con apego(necesario cuando uno es infante), y el buen amor adulto debe ser lo contrario, con desapego, pero ellos tampoco lo aprendieron, tanto es así que el índice de divorcios en los últimos tiempos han aumentado de manera descomunal(M.H.Bonilla).


Me he topado con un libro que se titula El Buen Amor- autor Sergio Sinay, considero que marca unas ideas claras y breves de lo que es amar, voy a transcribir brevemente las partes centrales de cada capítulo:

Hay una persona con la que cada uno de nosotros vivirá durante todo el tiempo que dure su existencia: consigo mismo.

Cuando empiezo a hacerme preguntas sobre mí, comienzo a conocerme, crece mi autoridad acerca de esta persona que soy y aparezco ante los demás con mayor certeza.

Hablar de los propios sentimientos, pensamientos, deseos es asumir la primera persona. Lo usual es hablar de formas como tú, la gente, se, hay, etc., palabras que acaban por construir diálogos llenos de sombras y carencias, si el yo ismo eso que nos prohibieron desde niños arrebatándonos del contacto con nosotros mismos, es una forma de egoísmo.


El egoísmo no es per se una blasfemia, el problema con el egoísmo comienza cuando se transforma en egolatría, en una adoración excluyente de mí mismo por encima, a pesar y en contra de los demás. Cuando ser yo con los otros, entre los otros, junto a los otros, paso a ser yo sin los otros.

Cuando digo yo amo, el amor deja de ser una abstracción, algo que existe solo, una cosa que les pasa a las personas, la quimera que uno busca. Se encarna en mí, me convierto en amante y soy el protagonista de mi amor.

Dos que no empiezan por ser yo, jamás podrán convertirse en nosotros.

El buen amor es posible a partir de dos que se aman, ante todo, en primera persona del singular.

Nacemos y morimos solos. La absoluta soledad en la que nazco y en la que muero carga de significado y de valor mi existencia al convertirme en un ser único, irremplazable e irrepetible. Quien quiera reemplazarme en mi vida debería ser capaz de un imposible: reemplazarme en mi nacimiento y en mi muerte.

Así como el nacer o morir con otro escapa a la posibilidad de la experiencia, resulta dolorosamente inimaginable la idea de vivir sin otro.

Nacemos solos y morimos solos, pero el tránsito entre ambos puntos del trayecto existencial trasciende en la búsqueda del otro y en la consagración del encuentro.

El buen amor es posible cuando cada uno de dos que son únicos, singulares, irremplazables e irrepetibles en sus historias, en sus orígenes y en sus destinos pueden reconocer en el Otro la condición imprescindible de su amor y pueden presentarse ante el como Otro. Entonces el verbo amar puede conjugarse- gracias al encuentro- en primera persona del plural.

Hay una creencia profunda arraigada en nuestra educación amorosa que ha dejado una estela de víctimas entre los hombres y las mujeres que somos. Es la creencia del alma gemela, según ella una réplica de mis sentimientos, aspiraciones, sueños, gustos. Algún día nuestros caminos se cruzaran, basta una mirada, una palabra, una actitud o un gesto para que nos reconozcamos. Es curioso, la ilusión del alma gemela infravalora de forma automática lo más precioso que hay en mí: mi singularidad. Y convierte a la experiencia amorosa en una vivencia pobre, simple, desnutrida, alejada del descubrimiento y del conocimiento. Si existiese ese clon psicológico y espiritual de mí, la palabra yo perdería profundidad, volumen y significado. Extraviaría ese maravilloso don por el cual al pronunciarla, en el eco se escucha tú.


La creencia en el alma gemela anula la noción de lo diferente. Y en mi opinión, son las diferencias las que pueden generar, mantener y nutrir a un amor fecundo, sanador, creativo, reparador e iluminador.

El buen amor es posible cuando nace respetando las diferencias que cada uno de los amados amantes aporta para su existencia y cuando hace de la integración de estas diversidades una cuestión de principios innegociables e irrevocable.


Aceptar que las diferencias nos convierten en sujetos amorosos y que ellas son oxigeno que nutre el espacio de nuestro amor, no son razones válidas para intentar registrar y detectar todas y cada una de ellas. Esta pretensión conspirara, probablemente, contra la consolidación amorosa.


El otro, por serlo, no solo resulta distinto. Además es misterioso. Hay una frase vieja y sabia dice que “hay razones que la razón no comprende”: no solo no las comprende, tampoco alcanza siquiera a detectarlas. Hay aspectos de cada persona que constituyen la materia prima más insondable, preciosa e intransferible de su alma.


El buen amor requiere de la presencia y del reconocimiento de los misterios que forman parte de nuestro ser. Esos misterios afloran en su profundad cuando, reconociéndonos como un yo y un tu distintos, permitirnos que nuestras diferencias nos unan hasta llevarnos al límite mismo de nuestras zonas más esenciales y sagradas. Es en la manifestación de nuestros misterios en donde cada uno de nosotros, los amados, los amantes, aparece en su dimensión más completa.

Aceptación: sólo puede haber aceptación allí donde las diferencias son reconocidas celebradas y tomadas como la semilla fundacional del encuentro. La aceptación es un ejercicio de desprendimiento y desapego.


Son muchas las razones por las cuales una relación de amor puede inciarse. Si se prolonga en el tiempo, aumentan las oportunidades y las posibilidades de que se asiente en las diferencias, de que yo y mi amada podamos desarrollarnos el uno ante los ojos del otro en todas las dimensiones de nuestro ser. Eso incluye lo que somos y lo que no somos, lo que sabemos y podemos explicar de nosotros y lo que cada uno ignora de si mismo.

La aceptación necesita de la buena fe. Cuando acepto a la persona que amo doy por sentado que nada de lo que ella hace y deja de hacer, de lo que dice o deja de decir, de lo que siente o deja de sentir, de lo que piensa o deja de pensar, nada de eso se basa en la especulación, ni en el intento de dañarme, ni de manipularme conscientemente mis sentimientos o de mi disponibilidad afectiva, ni en la ocultación. Puede dañarme, pero creo que no es su deseo. Puedo no entenderla, pero sé que no especula conmigo. Parto de la creencia en su buena fe (la misma con que afronto mi amor hacia ella) y hago de eso una cuestión de principios.


El buen amor envuelve, nutre, sana y fortalece a los que se aman cuando en cada uno de ellos está hecha carne la aceptación del OTRO como alguien perfecto en sus imperfecciones, completo en sus carencias, presente en sus ausencias, comprensible en lo que tiene de inexplicable. La aceptación me libera de la tentación de cambiar al OTRO y me hace libre también del peligro de ser forzado a cambiar para convertirme en quien no soy. La aceptación, como condición del bueno amor, bendice el encuentro entre dos que cruzan sus vidas para generar un vínculo único y sagrado desde sus bienaventuradas singularidades.

Entre los mitos amorosos que más sufrimiento han producido entre amantes pasados y presentes se encuentra el del amor a primera vista. Esa promesa instalada alguna vez según la cual alguien aparecerá en un momento y yo sabré que esa persona es el sujeto de mi amor. Lo sabré en el acto, captare las señales, inmediatamente tendré el conocimiento. Este mito violenta la existencia del tiempo. Todo ocurre en el momento, sin procesos, sin transcursos: simplemente es. Magia.

¿Pero qué amor es el amor que no se desarrolla?, que no parte de una semilla, que no pasa por un crecimiento, que no atraviesa luces y sombras, otoños y primaveras?

El mito promete la desaparición del tiempo en el que el amor se conjuga. Promete amores inmediatos y totales. Fast love. La pretensión de eliminar el tiempo como un obstáculo molesto ya ha producido comida rápida, ropa, coches, libros, ordenadores.

Si no puedo desarrollar mi amor en el tiempo o si quedo atrapado con mi amante en un tiempo inmóvil ¿cómo podremos conocernos, mirarnos y aprendernos como diferentes, celebrar nuestros misterios a medida que se manifiestan, vernos evolucionar, adaptarnos, aceptarnos, redescubrirnos y volvernos a elegir?


El amor que no tiene tiempo, tampoco tiene espacio. Cuanto menor es el tiempo de que dispongo, tanto más breve será mi recorrido.

Construir el edificio, transformar el enamoramiento en amor, es un proceso que necesita tiempo.

No empiezo enamorándome de la persona a la que amo. Termino enamorándome de ella al cabo de un proceso en el que nos hemos visto como distintos, he conocido y he sido conocido, he aceptado y he sido aceptado. Para cumplir la parábola que me lleva del enamoramiento o de la pasión al amor, necesito tiempo. Ese trayecto se cumplirá en la medida en que ambos permanezcamos allí para transitarlo. Es un tránsito que se desarrolla en el tiempo. Llegaré a amar a mi amada caminando hacia ella por el camino del tiempo.

El tiempo es la condición del buen amor que hace posible sembrar, germinar y cosechar actitudes y sentimientos. Cuando actúa como condición del buen amor, el tiempo nutre y libera, da oxígeno, horizonte y esperanza. Cuando los que se aman comparten una relación de buen amor, el tiempo es libertad.

¿Qué buscamos cuando nos internamos en rastreos afectivos? Hay tantas respuestas como personas, seguridad, ternura, compañía, protección, admiración, certeza, calor, diversión, pasión, apoyo, armonía, paz, la lista puede tornarse infinita. Y también puede caber en una palabra: FELICIDAD. NADA MÁS Y NADA MENOS.

La Felicidad tendrá una cara, un cuerpo, un nombre. Alguien será motivo, origen y destino, fuente y receptáculo amoroso.

La búsqueda amorosa. Una curiosa, constante experiencia humana que demanda energía, consume sueños, alimenta desencantos, fomenta ilusiones, impulsa audacias, motiva frustraciones, alienta expectativas. Todo lo que necesitas es alguien a quien amar, dicen las canciones, los poemas, ciertos gurús. Tus heridas sanaran cuando alguien te ame, auguran. Y allí vamos buscando. Buscando para encontrar.

Cuando me obligo a una búsqueda afectiva, impulsado por creencias, por presiones externas, por expectativas ajenas, por temores propios, estoy condenado a encontrar. Desde el punto de vista pragmático, mi experiencia habría sido exitosa, aunque probablemente haya olvidado mirar al otro y mi búsqueda se convierta en un círculo perfecto y riesgoso. Como el sediento en el desierto, puede ser que haya encontrado un espejismo, apenas el reflejo distorsionado de mis ansias.

Suele ocurrir que la búsqueda más fecunda, la que culmina en el encuentro con un sujeto amoroso, es la que no se emprende. O, mejor, la que no se advierte. Cuando más intensa, profunda y sincera es mi exploración interior, cuando más comprometido y honesto resulta el encuentro que soy capaz de sostener con mi propia identidad, más afinados están mi atención, mi intuición y los recursos de mi inteligencia y de mi espíritu para conducirme a un encuentro con otra persona.

Una búsqueda sin encuentro, para muchos terminan por convertirse en mecanismos de repetición. Son búsquedas en serie. Una vez producido el aparente encuentro, la persona-objeto encontrada no tarda en perder su significado e inmediatamente surge la necesidad de apartarse de ella y volver a buscar. Abandono o soy abandonado. Con frecuencia estas son dos caras de un mismo mecanismo, el que me reinstala en el ejercicio de la búsqueda.

Frente a esto aparecen los encuentros sin búsqueda. Suelen ocurrir cuando estoy transitando un momento de armonía, de equilibrio íntimo, cuando me siento en paz con mis recursos y con mis limitaciones, cuando hago de ellos el capital con el que construyo el tramo presente de mi existencia. En estas circunstancias mi capacidad de atención y de registro se hace más precisa, más fina, más sensible.

Como condición del buen amor, el encuentro es un punto de coincidencia único y no predeterminado en la trayectoria que sus protagonistas transitan en la vida. El encuentro en el que se plasma un amor sanador no nace de una obsesión, no es hijo de la ansiedad, no proviene de la impaciencia, no es un disfraz del miedo a caminar solo. Se trata del fruto maduro del tiempo, de la aceptación del compromiso con el propio ser en el aquí y en el ahora. Los que se encuentran en un único tiempo y lugar posible no por fruto del azar ni de la estrategia, sino de sus propias transformaciones y aceptaciones.

Responsabilidad: si afinas el oído habrás escuchado frases como: me hizo muy infeliz, me ha hecho la vida imposible, abuso de mi amor, mi destino es sufrir. Se ha aprovechado de mi ingenuidad, me engaño desde el principio, esto me ha pasado por fiarme demasiado, estoy atrapado por la mala suerte, etc. Nuestra cultura amorosa esta teñida por la idea de que el amor y el destino van de la mano. En realidad la vida y el destino están hermanados, pero según creo por razones opuestas a las que solemos esgrimir.

La definición especifica de responsabilidad está en los diccionarios y parte de su etimología: “Capacidad de todo sujeto de conocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”

Como condición del buen amor, la responsabilidad es el oxígeno que alimenta el torrente emocional y afectivo de los que se aman, airea sus espacios, discrimina sus identidades, enriquece su diversidad y aligera su equipaje permitiendo valorar y cuidar lo esencial. La responsabilidad elimina el riesgo de que alguien crea que el otro pueda ser por él y para él, evapora la peligrosa ilusión de que hay una muleta humana y de que la otra persona, se m e ama, cumplirá esa función para mí. La responsabilidad conecta a cada uno con la totalidad de sí mismo (con lo que tiene y con lo que no, con sus aspectos opuestos y disimiles, con sus potencialidades e impotencias) y le permite, enraizado en esa certeza, hacerse cargo de sus actos, palabras y pensamientos, responder por ellos, estar presente ante el amado de pie, sin manipulaciones, sin sometimientos ni ocultamientos. La responsabilidad es, en fin, la capacidad de hacerse cargo de la propia vida, y por lo tanto de la propia participación y permanencia en un vínculo de amor.

Si pienso que mi felicidad empieza cuando encuentro a otra persona, mi única búsqueda tendrá como fin ese encuentro. Ese alguien pasará a ser lo más importante, ya sea para capturarlo o para conservarlo. Mientras tanto, mis demás necesidades quedaran en el fondo del escenario. Lo que yo haga por mi felicidad a partir de mis recursos y posibilidades y con respeto y atención hacia los otros, puede contagiar a alguien. Pero lo que yo haga para lo que imagino que es la supuesta felicidad de otro, no se transformará necesariamente en un estado que me incluya.

La compañía no es, según mi visión, el punto final de una búsqueda amorosa. Por el contrario, la compañía es el inicio, la consolidación, la transformación y la condición de desarrollo de una experiencia amorosa plena y profunda.

Cuando me preocupo por encontrar quien me acompañe antes de saber hacia dónde voy corro el riesgo de quien debería ser mi acompañante se convierta en mi carcelero, en mi obstáculo, en mi lastre, en mi culpador, en mi juez. Y es posible que nada de eso se deba a su voluntad ni a su mala intención, sino a mi propia actitud de no haber visto el camino ni haber registrado la dirección antes de dar prioridad a la compañía. Antes de elegir un bastón para caminar debo prestar atención al camino y a mis propias piernas, sin estos dos elementos no habrá marcha posible.(Fuente: Texto El Buen Amor Sergio Sinay)



Resumen y Comentarios: Maria Helena Bonilla


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