martes, 11 de octubre de 2011

Si alguien te quita tu camisa, deja que se lleve también tu capa

Contenido y estructura del ego



La mente egótica está completamente condicionada por el pasado. Su condicionamiento es doble, pues actúa tanto en el contenido como en la estructura.

En el caso de un niño que llora con profundo desconsuelo porque le han quitado su juguete, el juguete representa el contenido. Es intercambiable con cualquier otro contenido, cualquier otro juguete u objeto. El contenido con el que te identificas está condicionado por tu entorno, tu educación y la cultura que te rodea. Que el niño sea rico o pobre, que el juguete sea un trozo de madera con forma de animal o un complejo aparato electrónico, eso no representa ninguna diferencia en lo que se refiere al sufrimiento causado por su perdida. La razón de que la perdida produzca un sufrimiento tan agudo esta oculta en la palabra “mi” y es estructural. La compulsión inconsciente a realzar la identidad propia mediante la asociación con un objeto forma parte de la estructura misma de la mente egótica.

Una de las estructuras mentales básicas que provocan la existencia del ego es la identificación. La palabra “identificación” deriva del latín ídem, que significa lo mismo y facere que significa hacer. Así que, cuando me identifico con alguna cosa, la hago lo mismo. ¿Lo mismo que qué? Lo mismo que yo. La doto de un sentido del yo, y así pasa a formar parte de mi identidad. Uno de los niveles de identificación más básicos es la identificación con cosas: mi juguete se convertirá más adelante en mi coche, mi casa, mi ropa, etc. Procuro encontrarme a mí mismo en cosas, pero nunca lo consigo del todo y acabo perdiéndome en ellas. Ese es el destino del ego.


Identificación con las cosas

Los de la industria de la publicidad saben muy bien que, para vender cosas que la gente en realidad no necesita, deben convencerla de que esas cosas añadirán algo al modo en que se ven a sí mismos o a como son vistos por los demás, en otras palabras, que añaden algo a su sentido del yo. Crean en tu mente una asociación entre el producto y una persona famosa, o una persona juvenil, atractiva o con aspecto de ser feliz. La suposición tacita es que, por algún acto mágico de apropiación, al comprar ese producto te vuelves como ellos, o más bien como su imagen superficial. Y así, en muchos casos, no estas comprando un producto sino un realzador de la identidad. Las marcas son, básicamente, identidades colectivas a las que te incorporas pagando. Son caras y por lo tanto exclusivas. Si todo el mundo pudiera comprarlas, perderían su valor psicológico y no quedaría más que su valor material, que probablemente es sólo una fracción de lo que pagaste.

Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada sociedad de consumo, es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco y tú sigues buscando más, comprando, consumiendo. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, instrumentos, transporte. También puede hacer en nuestras vidas cosas que valoramos por su belleza o su calidad inherente. Debemos honrar el mundo de las cosas, no despreciarlo. Toda cosa tiene su Ser, es una forma temporal que tiene su origen en la Vida única y sin forma, la fuente de todas las cosas, todos los cuerpos, todas las formas.

Lo cierto es que no podemos honrar las cosas si las usamos como un medio para realzar el yo, es decir, si intentamos encontrarnos a nosotros mismos por medio de ellas. Esto es exactamente lo que hace el ego. La identificación del ego con las cosas crea apego a las cosas, obsesión por las cosas, lo que a su vez crea nuestra sociedad de consumo y sus estructuras económicas, donde la única medida del progreso es siempre más. La búsqueda descontrolada de más, de crecimiento infinito, es una disfunción y una enfermedad.

Tienes que estar alerta y ser sincero para averiguar, por ejemplo, si tu sentido de la propia valía está ligado a las cosas que posees. ¿Hay cosas que inducen una sutil sensación de importancia o superioridad? ¿La falta de esas cosas te hace sentirte inferior a otros que tienen más que tú? ¿Mencionas como de pasada las cosas que posees, o las enseñas para aumentar tu sensación de valía a los ojos de otros y por mediación de ellos, a los tuyos? ¿Te sientes resentido o irritado y algo rebajado en tu sentido del yo cuando alguien tiene más que tu o cuando pierdes una posesión preciada?


El anillo perdido

Cuando yo trataba a gente como consejero o maestro espiritual iba dos veces por semana a visitar a una mujer cuyo cuerpo estaba carcomido por el cáncer. Era una maestra de cuarenta y tantos años, y sus médicos no le daban más que unos meses de vida. A veces hablábamos unas pocas palabras durante aquellas visitas, pero la mayor parte del tiempo estábamos sentados juntos en silencio, y fue así como ella tuvo sus primeros atisbos de su paz interior, que nunca había sabido que existiera durante su atareada vida de maestra.

Un día, sin embargo, la encontré en un estado de gran angustia e irritación. ¿Qué ha ocurrido? , pregunte. Su anillo de diamantes, de gran valor monetario y sentimental, había desaparecido y ella estaba segura de que se lo había robado la mujer que acudía a cuidarla durante unas pocas horas cada día. Dijo que no entendía que alguien pudiera ser tan cruel y desalmado como para hacerle algo así. Me pregunto si debía enfrentarse a la mujer o si sería mejor llamar inmediatamente a la policía. Le dije que yo no podía decirle lo que debía hacer, pero le pedí que estudiara la importancia que tenía un anillo o cualquier otra cosa, en aquel punto de su vida.

Usted no lo entiende me dijo, era el anillo de mi abuela. Lo llevaba puesto todos los días hasta que me puse enferma y se me hincharon demasiado las manos. Para mi es más que un simple anillo. ¿Cómo no voy a estar enfadada?

La rapidez de su respuesta y la ira y actitud defensiva que denotaba su voz eran indicaciones de que todavía no había adquirido sufriente. Presencia para mirar en su interior y desligar su reacción de lo sucedido y observar las dos cosas. Su ira y su actitud defensiva eran señales de que el ego seguía hablando a través de ella.

Le dije: Voy a hacerle unas preguntas, pero en lugar de responderlas ahora, vea si puede encontrar las respuestas en su interior. Hare una breve pausa después de cada pregunta. Cuando llegue una respuesta, puede no llegar necesariamente en forma de palabras.

Dijo que estaba dispuesta a escuchar, así que le pregunte:

¿Se da cuenta de que tendrá que separarse del anillo en algún momento, tal vez muy pronto? ¿Cuánto tiempo más necesita para estar preparada para desprenderse de él? ¿Será usted menos cuando no lo tenga? ¿Ha disminuído quien usted es a causa de la perdida?

Hubo unos minutos de silencio después de la última pregunta. Cuando empezó a hablar de nuevo, había una sonrisa en su rostro y parecía en paz.

La última pregunta me ha hecho comprender algo importante. Primero acudí a mi mente en busca de una respuesta, y mi mente dijo: “Si, claro que has quedado disminuida”. Entonces me plantee otra vez la pregunta: ¿Ha quedado disminuido lo que yo soy? Esta vez intente sentir la respuesta en lugar de pensarla. Y de pronto pude sentir lo que soy. Nunca lo había sentido antes. Si puedo sentir el Yo Soy con tanta fuerza, es que lo que soy no ha disminuido nada. Todavía puedo sentirlo, algo apacible pero muy vivo.

Eso es el gozo del Ser, dije, Solo se puede sentir cuando se sale de la cabeza. El ser se debe sentir, no se puede pensar. El ego no sabe de eso porque es todo pensamiento. El anillo, en realidad, estaba en su mente como un pensamiento que usted confundía con la sensación de Yo Soy. Usted pensaba que su yo o una parte de él estaba en el anillo.

“Todas las cosas que el ego busca y a las que se siente apegado son sustitutos del Ser que no puede sentir. Podemos valorar y apreciar las cosas, pero cuando nos aferramos a ellas, sabemos que es el ego. Y en realidad nunca nos apegamos a una cosa, sino a un pensamiento que incluye “yo”, “mi” o “mío”. Cuando aceptamos por completo una perdida, trascendemos el ego y emerge nuestro ser, el Yo Soy que es la conciencia misma.

Ahora comprendo, dijo ella, algo que dijo Jesús y que para mí nunca había tenido mucho sentido: “Si alguien te quita tu camisa, deja que se lleve también tu capa”

Exacto dije. Eso no significa que no debamos cerrar nunca la puerta. Lo que significa es que, a veces, renunciar a cosas es un acto de mucho más poder que defenderlas o aferrarse a ellas.

En las últimas semanas de su vida, a medida que su cuerpo se debilitaba, se volvió cada vez más radiante, como si la luz brillara a través de ella. Regalo muchas de sus posesiones, algunas de ellas a la mujer que creía que le había robado el anillo, y con cada cosa que daba crecía su alegría.

Cuando su madre me llamó para decir que había fallecido, dijo también que después de su muerte habían encontrado su anillo en el botiquín del cuarto de baño. ¿Se lo devolvió la mujer o había estado allí todo el tiempo? Nunca se sabrá. Pero si sabemos una cosa: la vida te proporcionará la experiencia que sea más útil para la evolución de tu conciencia. ¿Cómo sabes que esta es la experiencia que necesitas? Porque esta es la experiencia que tienes en este momento.

Entonces ¿está mal estar orgulloso de tus posesiones o sentir resentimiento hacia los que tienen más que tú? No, en absoluto. Esa sensación de orgullo, de necesidad de destacar, el aparente reforzamiento del yo a base de más que y su rebajamiento por el menos que, no es ni bueno ni malo: es el ego. El ego no es malo, solo es inconsciente. Cuando observas el ego en ti mismo, estás empezando a superarlo. No te tomes demasiado en serio el ego. Cuando detectes la actuación del ego en ti mismo, sonríe. A veces, hasta puedes reírte. ¿Cómo ha podido la humanidad estar dominada por esto durante tanto tiempo? Por encima de todo, debes saber que el ego no es personal. No es quien tus eres. Si consideras que el ego es tu problema personal, eso es solo más ego.

Fuente: Texto Un nuevo mundo, Ahora – Eckhart Tolle (autor de EL PODER DEL AHORA).


El consumismo endeuda a los estadounidenses



No me gusta la macdonalización de la sociedad, la homogenidad mundial que crean 30.000 Mc Donald`s repartidos por el mundo y todas sus copias (Star-bucks, Dunkin Donuts, Burger King…) Pero lo más importante no es eso, el modelo de estas empresas se basa en una estructura de funcionamiento que ha influenciado nuestra manera de pensar.

La eficiencia, la previsibilidad, es decir, que en cualquier parte del mundo sabes que comerás, ofrecer cantidad a bajo precio, poniendo la atención en la cantidad en lugar de la calidad y el control.

A través de la tecnología controlan tanto a sus empleados como a los consumidores. La silla de Mc Donald`s es un famoso ejemplo: intencionadamente incomoda, está diseñada para que la gente no aguante sentada en ella más de 20 minutos. Pero para mí lo esencial es la irracionalidad de la racionalidad.

Son productos que crean problemas de salud a gran escala y dañan el medio ambiente.

El consumo ha devenido un elemento crucial de la cultura de masas. Las compañías de este tipo crecen de manera exponencial y se han convertido en el corazón del desarrollo del capitalismo.

Las compañías necesitan expandirse, crear en todo el mundo hambre de consumir.

Dos días después del atentado del 11-S, el alcalde de New York pidió por televisión que la gente saliera de tiendas y al día siguiente lo hizo Bush. La economía de Estados Unidos se basa en el consumo.

Ha sido reemplazado por la copia. Vivimos en un mundo simulado y la gente prefiere la copia a lo auténtico.

Uno de los viajes más populares en Estados Unidos con diferencia es a las Vegas donde lo que se visita son reproducciones de Paris, Venecia… A pocos kilómetros está el valle de la Muerte, un desierto que es emblema de Estados Unidos, pero nadie lo visita porque no hay nada que consumir.

Hay una enorme cantidad de dinero invertido en la catedral del consumo. Nos han convencido de que la felicidad la da el consumo. Pero es una falsa promesa. Todos sabemos que no recibimos del producto (coche, vestido o crucero) la gratificación tan esperada.

La trampa es la alimentación del deseo. Creemos que la próxima compra si nos acercara a la felicidad, ese es el mecanismo.

Tenderá a expandirse más y más a nivel global. A McDonald`s todavía le quedan 300 países en el mundo vírgenes. Pronto podremos comer lo mismo en absolutamente todos los rincones del mundo, ver la misma arquitectura, y la misma forma de vestir.

Pero lo más preocupante es que las estructuras de funcionamiento del consumo están calando a fondo a nivel individual.

Mi último estudio versa sobre como la subcontratación de productos está permeando en la vida personal y como se dispara su crecimiento. Ya es habitual en Estados Unidos subcontratar servicios que organicen tu boda, eduquen y paseen a tu perro, cuiden tu mente, te asesoren en imagen personal y relaciones, te ordenen los armarios y se encarguen del ocio y las carencias de tus hijos. Esto nos lleva al vacío. Esa manera de subcontratar servicios para que nos resuelvan la vida resulta muy atractivo porque nos permite dedicarnos a otras cosas que nos parecen más importantes, pero al final, ¿Qué es más importante que ocuparte de ti mismo y de los tuyos? Me temo que este vacío nos dejara cada vez más vacíos y sin capacidad para darnos cuenta de hasta qué punto estamos controlados y dirigidos.

Vivimos en la cultura del miedo, miedo de no estar a la altura del resto de los consumidores, así que tendemos a consumir más. Es una cadena: el miedo provoca ansiedad y necesidad, pero el mercado siempre propone soluciones, tenemos todo tipo de fármacos.

Productos que nos definen y que se crean en un centro lejano, que son controlados por informes estadísticos sobre las necesidades de los consumidores e idénticos en todas partes. Nada es Coca-Cola, McDonald`s y también bolsos de Gucci o gafas de Chanel, que son formas de nada muy caras.

La estrategia básica del capitalismo del consumo es hacerte gastar todo tu sueldo. En EEUU el promedio de ahorro es de 0%.

Para que la economía crezca más y más se requiere que tu entres en debido más y más, un sistema tan inestable como un castillo de naipes. En EEUU la deuda por tarjeta de crédito, gastos de compras, ha superado a la de vivienda o coche.

Fuente: La vanguardia (18 mayo 2007) – George Ritzer (Licenciado en Psicología y Doctor en Comportamiento y Relaciones Laborales e Industriales) Profesor de la Universidad de Maryland



Puede ser más feliz con el mismo sueldo






La felicidad es lo que la gente cree que es. Si haces esa pregunta a una persona una vez no sirve, pero si la planteas a miles de personas durante años, es una investigación seria. Y la hemos hecho.

Investigamos las circunstancias de miles de personas: sus relaciones, profesión, ingresos y consumo y las relacionamos con esas respuestas. Para empezar, la satisfacción profesional se logra cuando existe proporción entre lo que eres capaz de hacer y lo que haces.

La carrera profesional ideal debería ser como un camino de sudokus cada vez un poquito más difíciles, pero nunca irresolubles.

Después están las relaciones sociales y afectivas: familia y amigos son un bien básico y fundamental que nos causa felicidad independientemente de nuestros ingresos.

Pero lo más sorprendente lo hemos descubierto al relacionar el dinero que la gente gana y gasta con la felicidad que obtiene.

La economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros, en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos.

Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción, en cambio, un bien adaptativo proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias.

Tener un coche, es un bien básico, pero cuando pasas del Panda al Porsche, lo conviertes en un bien adaptativo.

Un Panda puede proporcionarte mucha satisfacción y un Porsche muy poca... si lo comparas con el Maserati del vecino.

Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. En fin, que tú te compras el cuatro por cuatro para quedar bien y en realidad, a la gente le importa un pepino tu cuatro por cuatro.

Solemos engañarnos al respecto: nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la causa profunda a menudo es impresionar al vecino. En cualquier caso, la satisfacción o la insatisfacción siempre se obtiene en el momento del incremento o decremento de estatus: después se diluye.

Y si te toca el gordo, igual: a los cuatro días, te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos, que tienen más… ¡Incluso puedes llegar a sentirte más pobre que antes del gordo!
El otro problema es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo coche nos reportara tanta satisfacción durante los próximos cinco años como durante los primeros cinco días y no. En general, es más feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos.

Una persona para ser feliz necesita 11.300 euros anuales, esa cantidad satisfaría todas nuestras necesidades básicas, lo demás es adaptativo. Podemos planificar nuestra felicidad, yo lo hago de acuerdo con nuestra ecuación: relaciona nuestra capacidad de adaptación con el incremento de riqueza y la comparación con los otros.

Usted ingresa 100 y cree que el resto de su vida ese dinero le va a dar la felicidad 20 que siente el primer día, pero en realidad al cabo de un año solo ha obtenido un 1. Si hubiera planificado su felicidad racionalmente con esta ecuación, hubiera obtenido un 7.

Las pérdidas de patrimonio y estatus se notan el doble que las ganancias. La bajada de nivel genera el doble de insatisfacción que la subida de satisfacción. En este caso, la proyección de expectativas funciona al revés…

Acabas adaptándote a la triste situación más rápido de lo que habías previsto.

Yo soy un obseso de la planificación y así consigo más felicidad por menos dinero y esfuerzo. Soy una máquina de no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es inteligente, también lo es dilatar la gratificación.

La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo la gratificación que nos reportan nuestros ingresos. Si gana la lotería o un mero aumento de sueldo, no haga todas las mejoras de golpe y gradué su incremento de satisfacción.

Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores. Siga en su barrio de siempre con sus amigos de siempre y se sentirá mucho más afortunado con menos. En el barrio pijo, el suertudo al que le toco la lotería solo es un pijo más.

Fuente: Lavanguardia(19 mayo del 2007)- Manuel Baucells- Profesor del IESE, investiga la felicidad.

Recopilado por : María Helena Bonilla
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