sábado, 24 de septiembre de 2011

La importancia de nuestro cuerpo (Información-Glucemia-Inmunológico)



Nuestro cuerpo está compuesto de energía e información
Para transformar los patrones del pasado debes saber de qué están hechos. Tu cuerpo parece estar compuesto de materia sólida que se puede descomponer en moléculas y átomos, pero la física cuántica nos dice que cada átomo es en más del 99,9999 por ciento espacio vacío y que las partículas subatómicas que se mueven a fulgurante velocidad por ese espacio son, en realidad, manojos de energía vibrante. Sin embargo, estas vibraciones no se producen al azar y sin significado, portan información. Así, un grupo de vibraciones es codificado como átomo de hidrógeno, otro como oxígeno. Cada elemento es, de hecho, su propio código único.
Los códigos son abstractos, también lo son, en último término, nuestro cosmos y cuanto contiene. Si descomponemos la estructura física del cuerpo para llegar a su fuente última, nos veremos en un callejón sin salida, pues las moléculas ceden paso a átomos, los átomos, a partículas subatómicas y estas partículas, fantasmas de energía que se disuelven en un espacio vacío. Este vacío esta misteriosamente impreso con información, aun antes de que se exprese información alguna. Así como en tu memoria existen, silenciosamente, miles de palabras sin que las pronuncies, así el campo cuántico contiene el universo entero de forma inexpresada, así ha sido desde la Gran Explosión, cuando millones de galaxias estaban comprimidas en un espacio millones de veces más pequeño que el punto con que acaba esta frase. Sin embargo, aun antes de ese punto infinitesimal, la estructura del universo existía de forma inmanifiesta.
La materia esencial del universo, incluido tu cuerpo, es no materia, pero no es no materia vulgar. Es no materia pensante. El vacío que existe dentro de cada átomo palpita de inteligencia invisible. Los genetistas localizan primariamente esa inteligencia dentro del ADN, pero sólo en aras de la conveniencia. La vida se despliega a medida que el ADN imparte su inteligencia codificada a su gemelo activo, el ácido ribonucléico,  que a su vez entra en la célula e imparte fragmentos de inteligencia a miles de enzimas, las que luego usan sus fragmentos específicos de inteligencia para hacer proteínas. En cada punto de esta secuencia es preciso intercambiar energía e información, de lo contrario no se podría construir vida a partir de la materia inerte.
El cuerpo humano obtiene su energía primaria quemando azúcar, que es transportada a las células en forma de glucosa o glucemia. La estructura química de la glucosa se relaciona estrechamente con la de la sacarosa o azúcar común de mesa. Pero si quemas azúcar común no obtendrás las exquisitas y complejas estructuras de una célula viviente, solo obtendrás un terrón chamuscado de ceniza, rastros de agua y dióxido de carbono en el aire.
El metabolismo es más que un proceso de combustión: es un acto inteligente. El mismo azúcar que permanece inerte en un cubo mantiene la vida con su energía, porque las células del cuerpo le infunden una nueva información. El azúcar puede aportar su energía a una célula del riñón, del corazón o del cerebro, por ejemplo. Todas estas células contienen formas de inteligencia completamente únicas, la contracción rítmica de una célula cardiaca se diferencia por completo de las descargas eléctricas de una célula cerebral o del intercambio de sodio de una célula renal.
Por maravillosa que sea esta riqueza de inteligencia diversa, en el fondo hay una sola inteligencia compartida por todo el cuerpo.  Es el flujo de esa inteligencia lo que te mantiene vivo, cuando deja de fluir, en el momento de la muerte, todo el conocimiento depositado en tu ADN queda inutilizado. Al envejecer, este flujo de inteligencia se ve dificultado de varias maneras. La inteligencia especifica de los sistemas inmunológicos, nervioso y endocrino comienza a caer, los fisiólogos saben ahora que estos tres sistemas funcionan como controles principales del cuerpo. Las células inmunológicas y las glándulas endocrinas están equipadas con los mismos receptores de señales cerebrales que las neuronas, por lo tanto, son como una extensión del cerebro. Esto nos impide confinar la senectud a la materia gris, cuando se pierde inteligencia en el sistema inmunológico o en el endocrino, se infiltra la senectud en todo el cuerpo.
Como todo esto ocurre en un plano invisible e inmanifiesto, las pérdidas pasan desapercibidas hasta que llegan a una etapa muy avanzada y se expresan en un síntoma físico. Los cinco sentidos no pueden profundizar tanto como para experimentar los millones de intercambios cuánticos que crean el envejecimiento. La tasa de cambio es, a un tiempo, demasiado veloz y demasiado lenta: demasiado veloz, porque las reacciones químicas individuales requieren menos de una diezmilésima de segundo, demasiado lentas, porque su efecto acumulativo no se mostrara en años enteros. Estas reacciones involucran información y energía en una escala millones de veces más pequeña que un solo átomo.
El deterioro de la edad sería inevitable si el cuerpo fuera simplemente material, porque todas las cosas materiales son presa de la entropía, la tendencia de los sistemas ordenados a desordenarse. El ejemplo clásico de la entropía es un automóvil  que se oxida en un basurero, la entropía descompone la ordenada maquinaria en oxido deshecho. No hay posibilidades de que el proceso funcione a la inversa, de que un montón de chatarra oxidada se recomponga en un auto nuevo. Pero la entropía no se aplica a la inteligencia: una parte invisible de nosotros es inmune a los estragos del tiempo. La ciencia moderna apenas comienza a descubrir las implicaciones de todo esto, pero ha sido impartido durante siglos mediante las tradiciones espirituales en las que los maestros han preservado la juventud del cuerpo hasta edad muy avanzada.
La India, China, Japón, y en menor proporción, el Occidente cristiano, han dado nacimiento a sabios que captaron su naturaleza esencial como flujo de inteligencia. Al preservar y nutrir ese flujo año tras año, superaron la entropía desde un plano más profundo de la naturaleza. En la India, el flujo de inteligencia recibe el nombre de Prana (generalmente traducido como fuerza vital) que puede aumentar y decrecer a voluntad, mover de una lado a otro y manipular a fin de mantener el orden y la juventud en el cuerpo físico. Como ya veremos, la capacidad de establecer contacto con el Prana y utilizarlo está dentro de todos nosotros. Los yoguis mueven el Prana sin utilizar otra cosa que la atención pues en un plano profundo, la atención y el Prana son lo mismo: la vida es conciencia, la conciencia es vida.
Fuente: Texto- Deepak Chopra Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo.


¿Qué es la glucemia?
La glucosa es una importante fuente de carburante para el organismo. Resulta fundamental para el funcionamiento del cerebro. Por esa razón, está siempre presente en la sangre.
Esta presencia queda identificada por la llamada tasa de glucemia que en ayunas es “normalmente” de 1 g de glucosa (azúcar) por litro de sangre.
Cuando disminuye por debajo de esta norma, la secreción del glucagón, una hormona pancreática, tiene como efecto el restablecimiento de la tasa a su nivel normal. Sin embargo, cuando comemos un glúcido, la absorción de la glucosa correspondiente se traducirá en un aumento de la glucemia.
En un principio, la glucemia aumentara (más o menos según la naturaleza del glúcido) hasta alcanzar un máximo llamado tope glucémico. El páncreas (que es un órgano capital en la regulación de los procesos metabólicos) segregara entonces otra hormona, la insulina, cuyo objetivo es expulsar la glucosa sobrante de la sangre para almacenarla en otra parte (hígado, músculos) donde podrá ser utilizada en caso de necesidad.
De esta manera en una segunda fase, bajo el efecto de la insulina, la tasa de glucemia disminuye y, en una tercera, vuelve a la normalidad.
Propondré dos categorías de glúcidos: glúcidos buenos y malos. Los glúcidos buenos (con índice glucémico bajo) y los glúcidos malos (con un índice glucémico elevado).
Glúcidos malos
Maltosa (cerveza)
Glucosa
Patatas al horno
Patatas fritas
Harina de arroz
Almodones modificados
Puré de patatas
Patatas fritas industriales
Miel
Pan muy blanco (hamburguesa)
Zanahorias cocidas
Copos de maíz, palomitas
Arroz de cocción rápida
Pastel de arroz
Calabaza
Sandia
Azúcar (sacarosa)
Barritas de chocolate
Galletas
Arroz blanco
Tallarines, raviolis
Patatas cocidas con piel
Remolacha
Confituras
Plátano
Melón
Espaguetis blancos muy cocidos
Colas, sodas
Habas cocidas

Glúcidos buenos
Arroz integral
Arroz basmati largo
Guisantes en conserva
Boniato
Pastas integrales (trigo integral)
Espaguetis al dente
Guisantes frescos
Frijoles
Zumo de frutas fresco sin azúcar
Pumpernickel (pan negro alemán)
Pan de centeno integral
Pan 100% integral
Helados con alginatos
Pasta integral al dente
Higos, orejones
Maíz indio
Quínoa
Arroz salvaje
Zanahoria cruda
Productos lácteos
Lentejas pardinas amarillas
Garbanzos
Otras frutas frescas
Fideos de soja
Mermelada de fruta sin azúcar
Lentejas verdes
Chocolate amargo (más de un 70% de cacao)
Fructosa
Soja, cacahuetes
Albaricoque fresco
Verduras, tomate, berenjena, calabacín, ajo, cebolla...


Ayuda inmunológica
Nuestros sistemas inmunitarios se debilitan conforme envejecemos, lo que nos hace más susceptibles a las infecciones y al cáncer y debilita nuestra capacidad de curación. Además, tanto los sistemas inmunitarios de los jóvenes como los de los ancianos se enfrentan al constante asalto de las toxinas que hay en el ambiente, tanto las naturales como las creadas por el hombre. Vivir en ciudades abarrotadas, viajar frecuentemente en avión y pasar tiempo en centros de atención diurnos para la tercera edad o escuelas nos expone a muchos más gérmenes que a los que debía enfrentarse la gente en el pasado. Podemos protegernos y reforzar nuestro sistema inmunitario comiendo bien, concediéndonos el tiempo necesario  para descansar y para realizar actividades físicas, practicando la reducción del estrés y cultivando estados emocionales saludables. Vale la pena conocer y experimentar con productos naturales que refuerzan nuestro sistema inmunitario.
El astrágalo, obtenido de la raíz de la Astrágalos membranaceous, de la familia de la arveja, tiene una larga tradición en la medicina china, en la que se usa para prevenir los resfriados y la gripe. Investigaciones científicas han confirmado las propiedades antivirales e inmunitarias de la raíz. Es, además, abundante y barata.
Lo recomiendo a menudo a la gente que atrapa cualquier virus que pasa, a los pacientes de cáncer que siguen quimioterapias que reducen la medula ósea, a aquellos con deficiencias en el sistema inmunitario y a la gente que goza de buena salud durante toda la época de gripe. Busque extractos estandarizados en capsulas y tome la dosis diaria indicada en la etiqueta.
Las setas que potencian el sistema inmunitario incluyen especies comestibles como el shiitake, el maitake y las setas en forma de ostra, además de otras puramente medicinales como el reishi, que son demasiado amargas y leñosas para usarlas como comida. Ninguna es toxica y pueden usarse indefinidamente como suplementos dietéticos. Se ha investigado mucho sobre estas setas y se han identificado sus componentes activos, realizado muchas pruebas con animales y más y más investigaciones clínicas en casos de enfermedades infecciosas, cáncer y sida. Estas setas, que desde antaño han sido muy valoradas en las medicinas tradicionales de China, Corea y Japón, atraen ahora el interés de los investigadores y clínicos de Occidente.
Creo que es mejor tomar varias de estas setas juntas, pues se producen sinergias que potencian sus efectos. Están disponibles en líquido, en polvo y en capsulas, en algunos casos con extractos de siete o más especies. El producto que yo tomo a diario contiene una docena de especies distintas, como nombres tan exóticos como agarikon, zhu, ling, yun zhi, chaga e himematsutake. Es un extracto líquido y su sabor no es desagradable. Me tomo todo lo que cabe en un cuentagotas disuelto en un poco de agua dos veces al día y creo que me hace más resistente a los gérmenes y más capaz de enfrentarme a los periodos de viajes continuos y de asistencia a actos públicos. (También añado una cucharada de una versión seca del mismo producto a la comida de mi perro una vez al día para disminuir el riesgo de que desarrolle cáncer, una enfermedad cada vez  más frecuente en los canes).
Fuente: Texto  Las fuentes de la eterna juventud- Dr. Andrew Weil

Publicar un comentario