lunes, 5 de septiembre de 2011

Los diferentes silencios



El ruido del mundo

La sociedad en la que vivimos está agobiada de afanes, preocupaciones materiales, stress..., que han tomado la iniciativa desplazando al hombre. El agobio del tráfico, la confusión de la ciudad, la televisión constantemente encendida, etc, son signos evidentes de que el estruendo ha llegado a ser el nuevo becerro de oro, el nuevo ídolo de nuestro tiempo. Baste pensar en el hecho de que muchos jóvenes son incapaces de estudiar, de concentrarse, sin la constante presencia de sonidos, músicas y ruidos.

Las consecuencias de este clima agitado y estresante son deletéreas, tanto desde el punto de vista físico como psíquico-espiritual.

A nivel físico es buena prueba de ello el creciente número de infartos, incluso entre los jóvenes y el reciente desarrollo de otras enfermedades debidas a factores ambientales.

A nivel psíquico, la persona agobiada por ruidos contínuos, pierde la capacidad de ponerse en contacto consigo misma y con la parte más profunda de si misma.

Las interrogantes del espíritu quedan también desatendidas y sin respuestas.

De este modo el hombre de hoy se encuentra preso en una telaraña de sentimientos sin entender el porqué, sin lograr esclarecer su situación y se encuentra también dominado por una turbamulta de deseos desviados, sin posibilidad de orientarlos responsablemente.

El significado del silencio
Depende del contexto en el que es vivido.
Alguien lo ha definido como la ausencia de ruido. Pero esta es una definición demasiado reductora y simplista. El silencio, más que ausencia de algo, es ante todo, una presencia.

Alguien ha hablado del silencio como ausencia de toda actividad. Pero es erróneo entender el silencio como mera pasividad.

En las relaciones puede constituir una presencia activa de escucha que nace del corazón y que ayuda a comprender mejor la realidad.

El silencio tanto en la vida personal como en la interpersonal, puede tener diversos matices que, como sugiere Colombero, unas veces son positivos y otras negativos:

Existe el silencio del desierto y de la esterilidad, el silencio de quien ha desertado del encuentro con las cosas y con las personas, de quien no tiene nada que decir ni nada que escuchar, de quien vive en una cápsula sin amar nada ni a nadie. Este silencio da miedo y pena.

Pero exite también el silencio fértil y creativo, el silencio con el que crece la vida. Para algunas personas el silencio es un momento creador, uno de los momentos más genuinos de la naturaleza humana, el lugar privilegiado en el que se encuentra uno consigo mismo, se reconoce, toma conciencia y posesión de si, de la propia libertad, de las energías propias, de los propios valores y de la vocación propia. Aqui el silencio cambia de nomnbre y se llama vida interna.

El silencio forma parte de nuestra comunicación y tiene su puesto en la vida del hombre. A lo largo de las páginas de la literatura, de la filosofía, de la psicología, de la música y de la poesía es perfectamente reconocible la presencia del silencio.

De modo particular, tiene un papel de importancia primordial en la espiritualidad. El silencio es sentido como una necesidad, como una oportunidad para dialogar con uno mismo, como un espacio privilegiado del que surgen la fuerza interior, las intuiciones, una renovada perspectiva de la realidad.

En el silencio es donde Dios habla al corazón del hombre. A quien, el silencio se convierte en una morada habitada por la escucha. El silencio mismo nace del reconocimiento de las limitaciones humanas, del reconocimiento de que nuestros problemas llegan más alla de lenguaje.

En un cierto sentido, nuestras palabras, para ser profundas, deben hundir sus raíces en nuestros silencios. La calidad de nuestras palabras está ligada a la calidad de nuestros silencios.

Hay algunos que parecen estar en silencio, pero juzgan a los demás en su interior: estos están hablando sin cesar. Otros, por el contrario, se ven precisados a hablar de la mañana a la noche, pero, realidad, custodian su silencio, porque no dicen nada que no sea de alguna utilidad espiritual. (Abba Peomen).

El diálogo está hecho tanto del silenio y de espera como de palabras.

Fuente: Texto Arnaldo Pangrazzi
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